domingo, 8 de noviembre de 2009




DEFINITIVAMENTE

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Las palabras no saben de cómo estoy,
de qué frío hace,
ni siquiera si se le da algún amor a un olvidado.


Las palabras no
tienen hambre, no tienen honor perseguido,
no tienen "perdición".

Las palabras no
mueren como la justicia,
no, no se dejan – por envidia – en silencio,
no se burlan como la mísera hipocresía.

Las palabras, ¡no!, no son las que ofenden, ¡nunca!,
sino los que sin alma las ordenan,
los que las envanecen de verdad,
los que siempre las esclavizan.
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