sábado, 17 de julio de 2010

HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ

Se me cae el alma en la palabra
cuando sólo intento describir tu sencillez,
tu ilusión desconteniéndose de lo hondo, del barro,
tu cuido hortelano de la vida.

Sólo para ser justo lo que aquí se espera
de amor..., ¡oh compañero!,
aunque se tenga que jugar
con las herramientas humildísimas de la furia.

Por eso tu sinceridad y tú no se detuvieron,
por eso criaron libertad tus venas,
por eso –nunca– no te tuvieron miedo los sueños.

Para que la voz señale su origen de lo que se desea,
de lo que del pueblo siente,
de lo que cuenta del hombre
que no se conforma con apenas nada.

Para decidir, decidir uno sus asuntos;
para creer uno que se salva
de humillante indignidad o del desprecio.

Por eso fuiste la lumbre irreverente de una vulnerada belleza;
de una belleza, por indoblegable y tan salvaje, de verdad y pura.

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