sábado, 3 de septiembre de 2011

MÁS TRISTEZA

Nadie sabrá lo que la muerte sabe,
las lágrimas que fueron, más tristeza
que se pega hondamente a la torpeza
de sufrir, a la sangre que no cabe

de negra ya, en su descarnado paso...;
porque el hoy se le agranda a cualquier grito,
porque uno es a una suma o a un infinito
de batallar o de insistir acaso.

Luego un final te trata a su medida,
su faz mortal, espejo de la vida;
y nada hay por qué dudar ya, nada.

¡Oh!, tan presente él, sí, tan presente
nos lo recuerda todo aunque al frente
no veamos su señal indeseada.




He guardado el estiércol de las viejas vacas,
tal vez el jeroglífico de la cruda esperanza
cuando se asoma la luz.
Los glaciares sueños
se acumulan,
los ojos remando sobre la muerte,
y el frágil silencio que más relampaguea
como un valle de huesos.
Pero tú conoces el tiempo: el cansado tiempo.



A lo mejor la felicidad no se acuerda de un cuervo.
Hay personas, de las que menos se esperan,
que tienen sangre de serpiente;
hay personas que, al menos, se desesperan
y viven o conviven
con poco más que con la muerte.


HACE YA AÑOS

hace ya años y los garfios
fríos
y la soledad indómita
y las viejas rosas
hace ya años
que lloran los perros duros
con la burla o desesperanza
hacia el gran acantilado
último
del olvido
años lejanos y extraños
ya
de espaldas al mar
años con sueños rápidos
y los mareos
los huracanes tristes
los cuentos torcidos
de la tan dulce madre y sin embargo eterna
que... perduran
 



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